Neumatografía: la escritura que se atribuía a los espíritus

Redacción Leotarot.com · Publicado el 6 de octubre de 2026

La neumatografía, también llamada escritura directa, es la que según el espiritismo trazan los espíritus sin pasar por la mano de nadie. Tuvo su época dorada en el siglo XIX, con un barón que dejaba papeles en blanco junto a las tumbas y un médium de pizarras que acabó ante un juez en Londres.

El término de Kardec

La palabra une dos voces griegas: pneuma, «soplo» o «espíritu», y graphein, «escribir». La fijó Allan Kardec. En su Instrucción práctica sobre las manifestaciones espiritistas, de 1858, la define como la escritura directa de los espíritus, y en El libro de los médiums (1861) le dedica un capítulo entero, junto a su pariente sonora, la neumatofonía o voz directa.

Kardec la separaba con cuidado de la psicografía. En esta, el médium sostiene el lápiz y escribe lo que atribuye a un espíritu. En la neumatografía nadie lo toca: el mensaje aparece solo, en un papel o en una pizarra. Para él era uno de los fenómenos más extraordinarios del espiritismo, y lo relacionaba con un tipo de médium al que llamaba neumatógrafo.

El barón de la caja cerrada

El nombre más ligado a la escritura directa es el del barón Ludwig von Guldenstubbé, un noble del norte de Europa afincado en París. En agosto de 1856 metió papel y lápiz en una cajita, la cerró con llave y se guardó la llave. Trece días después, según contó, en el papel había caracteres escritos.

Siguió con sus pruebas junto a un amigo, el conde d'Ourches. Dejaban hojas en blanco en iglesias, cementerios y salas de museos, al pie de estatuas y sepulcros de personajes célebres, y al recogerlas encontraban mensajes firmados por figuras como Cicerón, Juvenal o María Estuardo. En 1857 publicó La realidad de los espíritus y el fenómeno maravilloso de su escritura directa, con láminas que reproducían las muestras. Aseguraba haber reunido más de quinientas en diez meses, ante más de cincuenta testigos.

Kardec lo citó en su revista en 1859 y descartó que hubiera fraude por la posición social del barón. El problema era otro. Los papeles quedaban un tiempo sin que nadie los vigilara, y casi todo lo que se sabe de aquellas pruebas lo contaron el propio barón y sus acompañantes.

Las pizarras de Henry Slade

El médium estadounidense Henry Slade (1835-1905) llevó la escritura directa a las salas de sesiones de Estados Unidos y de Europa. A la vista, el método era sencillo: una pizarra escolar sujeta bajo la mesa, un trocito de tiza y, al rato, el ruido de algo que escribía. Al sacarla aparecía el mensaje, a veces atribuido a su difunta esposa.

En 1876, en Londres, el joven zoólogo Ray Lankester y el médico Bryan Donkin acudieron a una sesión. Lankester le arrebató la pizarra antes del momento en que, en teoría, debía escribirse el mensaje, y el mensaje ya estaba allí. Llevaron a Slade ante el tribunal de Bow Street. El naturalista Alfred Russel Wallace declaró a su favor; Charles Darwin, en cambio, mandó diez libras para los gastos de la acusación.

El magistrado lo condenó, por la ley de vagancia de 1824, a tres meses de cárcel con trabajos forzados. La sentencia se anuló en la apelación por un defecto de forma, y Slade salió del país antes de que pudieran citarlo de nuevo. En 1877 convenció en Leipzig al astrofísico Johann Zöllner, que vio en sus pizarras la prueba de una cuarta dimensión. Pero la Comisión Seybert, de la Universidad de Pensilvania, concluyó en su informe de 1887 que sus pizarras se preparaban de antemano o se manipulaban.

Un mago frente a los testigos

La lección más útil la dio un aficionado a la magia. El británico S. J. Davey organizó, junto al investigador Richard Hodgson, sesiones de escritura en pizarras que eran puro truco, y luego pidió a los asistentes que contaran por escrito lo que habían visto. Los relatos olvidaban pasos, cambiaban el orden de las cosas e incluían detalles que nunca ocurrieron. Los dos publicaron el estudio en 1887 en las actas de la Sociedad para la Investigación Psíquica.

Aquella conclusión sigue vigente: un testigo sincero puede equivocarse con total buena fe.

Escribir con la mano de otro

Las llamadas correspondencias cruzadas pertenecen a otra familia, la de la escritura automática. Tras la muerte del investigador Frederic Myers, en 1901, varias mujeres que la practicaban, entre ellas la profesora de clásicas Margaret Verrall, la médium Leonora Piper y Alice Fleming, hermana de Rudyard Kipling, produjeron textos sueltos que, juntos, parecían encajar. Los investigadores los atribuyeron a Myers y a otros compañeros fallecidos, y hacia 1936 había ya más de tres mil escritos.

Los críticos señalan que algunas de ellas dominaban la cultura clásica de la que salían los acertijos, y que el encaje dependía mucho de quien interpretaba los fragmentos.

Lee los relatos con ojo de mago

Cuando leas un caso antiguo de escritura directa, fíjate en lo mismo que miraron Lankester y Davey: quién tuvo la pizarra o el papel antes de la sesión, cuánta luz había y si hubo un momento sin nadie mirando. ¿Habría bastado un trocito de tiza escondido para producir el mensaje? Si la respuesta es sí, el caso no prueba nada, por honrado que parezca quien lo cuenta.

Nada de esto le quita interés a la historia. La neumatografía muestra cuánto deseaba la gente del siglo XIX una prueba tangible de que sus muertos seguían ahí, y ese deseo merece respeto. Pues bien, la mejor forma de respetarlo es no dejar que nadie se aproveche de él.

Para seguir, repasa los tipos de médium que describía Kardec en qué es la mediumnidad, cómo buscó la parapsicología la telergia, la fuerza de los fantasmas o cómo se ha puesto a prueba la telepatía en el laboratorio. Tienes más en la sección de videncia y otras mancias y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

También te puede interesar

Ver toda la biblioteca esotérica